Todos los usamos cada día. En un canal como WhatsApp, donde no hay lugar para la entonación, la elevación del volumen de la voz o los matices de la comunicación no verbal, los ‘emojis’ llegaron para cubrir ese nicho y llenar nuestras conversaciones de colores y, sobre todo, de emoción. El empresario alemán Marco Hüsges supo subirse a la ola y ver el potencial de sacar los emoticonos de nuestros teléfonos para trasladarlos a la vida real. ¿El resultado? Un negocio redondo.

Emoji, el millonario negocio de las emociones